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sábado, 12 de julio de 2014

No es solo fútbol

Pasaron seis años desde la última vez que un partido de fútbol me hizo llorar. Fue en el 2008, cuando Racing se salvó del descenso en aquella promoción contra Belgrano de Córdoba. Hoy, seis años después, el fútbol me vuelve a mover las tripas.

Desde que empecé a viajar, la importancia que le daba al fútbol comenzó a perder terreno. La imposibilidad de seguir regularmente las campañas de mi equipo y las ligas y copas de todo el mundo al estar en movimiento constante, hicieron que cada vez me alejara más de la actualidad del fútbol y mi entusiasmo fue decayendo también. Viajando uno pierde prácticamente toda chance de jugar partiditos con amigos, a menos que esté siempre en las playas, y ni aún así es tan fácil poder disfrutar de jugar al fútbol. Entonces ese conjunto de no poder jugar ni seguir constantemente la información actual, hicieron que dejara de darle importancia a lo que me dí cuenta de que, al fin y al cabo, es solo un deporte. También tengo en cuenta que estoy en etapa de encontrar y aprender cosas mucho más importantes que el fútbol.

























sábado, 24 de mayo de 2014

Guía práctica para viajar a Brasil

Se viene el Mundial de Fútbol Brasil 2014, no falta nada, y seguro que más de uno ya tiene planeado viajar o aún está indeciso por falta de información. Les recuerdo que mis guías son siempre pensadas para viajar con bajo presupuesto, por lo tanto, lo que sigue a continuación son detalles según la experiencia de mi paso por Brasil. El año pasado (2013) viajé durante dos meses y medio por el país carioca, recorriendo 3800 kilómetros a dedo, 400 en bus y 2000 en barco por el Amazonas.

Lo primero que voy a hacer es dividir a Brasil en tres regiones, ya que el país es extensísimo y muy diferente en cuanto al costo de vida y viajes en sus distintas áreas, pero creo que con separarlo en éstas tres será suficiente para poder dar una idea general sobre cada una.






























Verde = Amazonas

Amarillo = Nordeste

Azul = Estados del sur

viernes, 23 de mayo de 2014

Guía-foto-post para viajar a El Chaltén.

A menudo leo en los portales de viajes que muchas personas solicitan recomendaciones de lugares para conocer en la Patagonia. La verdad es que no puedo evitar meter bocado y siempre recomendar a El Chaltén como EL SEÑOR LUGAR para descubrir. ¿Por qué? Porque he vivido, en total, 11 meses en el pueblo y tengo la suerte de conocerlo muy bien. Últimamente he visto que en las respuestas a esas solicitudes de recomendaciones se repiten más los destinos como Bariloche, Esquel, El Bolsón, San Martín de los Andes, etc, y somos pocos los que destacamos a El Chaltén entre estos más famosos.

Así que acá les dejo ésta guía-foto-post con todo lo que necesitan saber para decidirse a llegar hasta El Chaltén. (Y también para convencerlos, claro)



miércoles, 14 de mayo de 2014

Veo Veo: Feliz cumpleaños (...o 365 días sobreviviendo en el universo)

Sí!!! Me inspiré!!!. Que difícil que venía la cosa con éste Veo Veo dictatorial de la líder ciruela, pero si algo me ha resaltado ésta dinámica desde hace un año, es la capacidad de inspirarme e improvisar casi en el último instante, cuando todo parece perdido y sin remedio.

Veo Veo


Cumpleaños. A mi siempre me ha gustado decir que no es cumplir años, por que cumplir años se ha convertido en algo tan simple, cotidiano, común y corriente, que ya nos es imposible ver el verdadero significante del acontecimiento. Utilizamos una fecha puntual en el calendario, para acomodarnos al sistema, que nos indicará quiénes deben ser nuestros pares símiles durante el resto de nuestra vida. Los compañeros de jardín, de primaria, de secundaria y de universidad y hasta en un ámbito laboral -"Se busca empleado de 25 a 35 años de edad..."-. En realidad hemos perdido la noción de todo lo que sucede durante el período que llamamos año. Damos una vuelta completa al sol, nos movemos por el universo ignorando lo turbulento que éste es. Explosiones de estrellas, agujeros negros tragándolo todo, super novas, asteroides amenazantes a la deriva, erupciones solares. Solo una de éstas cosas podría desaparecernos para toda la eternidad del cosmos y nosotros vamos por la vida ignorándolas, menospreciándolas, sin darnos cuenta de que, a veces, nos perdonan la existencia por un pelo de rana calva... Así que eso hacemos, creo yo, durante un año, sobrevivimos a un mundo y a un universo turbulento.

domingo, 11 de mayo de 2014

Guía práctica para viajar (y comprender) a Venezuela

Venezuela, hoy, se encuentra sumida en una situación social y política delicada. La lucha de clases entre los que apoyan al modelo socialista y sus opositores, ha forjado un moderno e invisible muro de Berlín entre compatriotas. En los últimos meses, desde Enero de 2014 y hasta las vacaciones de Semana Santa (luego veremos), se ha revuelto la hoya y han habido reiteradas protestas, hechos de violencia y muertes en las principales ciudades como Maracaibo, Valencia, Caracas, etc, que han puesto en el resto del continente (no se si del mundo) la imagen de un país violento y peligroso al que no es recomendable viajar. Pero al final de ésta guía voy a seguir con éste tema.

Ahora que tengo su atención, lo que sigue es una guía en detalle para que puedan planear su viaje a la República Bolivariana, por que estuve en ella 3 meses en 2013 y he vuelto por 15 días en Abril (2014) y, como ven, he sobrevivido.

En éste artículo voy a transmitir todo lo que aprendí de Venezuela. A dónde ir, qué conocer y qué no perderse, con los consejos que, creo, son los más importantes a la hora de viajar por el país, contando desde mi experiencia, que tan ciertos o falsos son todos los rumores que muchos escuchan de otras personas, ven en la tele o leen en la web.





















lunes, 28 de abril de 2014

Isla Margarita, viviendo del mar - Venezuela: cuarta parte.

Los horarios del ferry son inciertos y no nos queda otra que esperar en el puerto hasta casi entrada la noche para poder zarpar. Puerto La Cruz no hizo ningún esfuerzo por invitarnos a conocerla mientras transcurría el tiempo muerto entre estar ahí y no estar más ahí. El viaje será en la oscuridad así que veo caer por la borda mi esperanza de avistar delfines o algún tiburón ballena (nunca supe si era verdad o un alarde de ficción).
El barco no es nada del otro mundo. Carga muchos autos, camiones y pocas comodidades. Parece que el quehacer más popular es tirarse en cualquier rincón a dormir, o colgar la hamaca de algunos tirantes, también para dormir. Intento la segunda opción, pero no. No me mareo en los barcos, no me pasa nada, pero lo de la hamaca no va. Así que deambulo, miro la noche y busco con quién conversar.
Hay un muchacho, chofer de un camión, que nos dio charla desde que nos vio subir. Trabaja en la compañía de transporte de su suegro y se dispone a ayudarnos en todo lo que pueda una vez que lleguemos a destino.
Es el mismo que me dijo lo del tiburón-ballena. Yo no se si, realmente, su imagen mental del animal que mencionaba, coincidía con la misma que yo tenía del mamífero en cuestión.
El barco atraca en Margarita a eso de las 01:30 am. No hay nada. Todo cerrado. El pueblo al que queremos ir está del otro lado de la isla y a esta hora no hay transporte público ni taxis suficientes para toda la demanda. Éste camionero, del cual no recuerdo el nombre, nos dice que lo mejor es encontrar un lugar para dormir hasta que amanezca y podamos tomar un bus. Claro está que no vamos a pagar 600 bolos en un hotel por un par de horas.
Nos sugiere que acampemos junto a su camión en un estacionamiento dónde él también va a dormir hasta el alba. Estaciona el mionca cerquita de un poste de luz. Sole duerme en la hamaca atada al poste y al camión. Diego y yo tiramos los aislantes bajo el acoplado y, como hay vientito, usamos las bolsas de dormir.

La luz del sol le cambia la cara a la escena que vimos al llegar. Entrar de madrugada a cualquier lugar te puede espantar. Nunca faltan los borrachitos, los indigentes y los que te miran con curiosidad y hacen que te persigas. Ahora hay vida, hay movimiento, hay cafecito y un bus que nos lleva hasta Playa Parguito.





















martes, 22 de abril de 2014

Choroní candombero. Chuao chocolatón. Mochima para el olvido. Venezuela: tercera parte.

Dejar Cayo Sombrero no fue tarea fácil. El solo hecho de pensar en volver a pisar una ciudad y lidiar con los buses, el tránsito y la gente apurada me ponía de los pelos. Salir de esta isla significaba volver a ponerme zapatillas y eso no me simpatizaba en absoluto, pero había que seguir.
Entonces miramos el mapa, escuchamos recomendaciones y pusimos rumbo hacia Choroní, muy cerca del corazón de cacao de Venezuela.
Viajar en buses de corta distancia en la República Bolivariana es todo un tema. Hay que respirar profundo, tranquilizarse mucho (o hacer una meditación budista) y hacer todo lo posible por que nada afecte tu estado de ánimo y tener siempre una sonrisa, aunque tengas que sobrellevar situaciones de lo más absurdas e incoherentes. Los únicos buses que recorren el tramo de dos horas desde Maracay a Choroní, son esos autobuses escolares estadounidenses de los años 80 convertidos en discos de reguetón rodante que deben contorsionarse en cada curva del camino para poder transitar por la ruta de montaña, absolutamente inapropiada para éste tipo de vehículo.
Choroní, en realidad, es una consecución de quintas y casas al costado de la ruta con una pequeña aglomeración cerca de la costa, pero cuando se llega a la población principal, que es cuando uno cree que llegó a Choroní, ciertamente se llega a Puerto Colombia. Solo los separa un cartel elevado sobre la calle principal que da la bienvenida al pueblo desconocido, absorbido por la generalización de la zona bajo el nombre de Choroní. Así que cuando escuchen que alguien estuvo por el malecón de Choroní, a decir verdad, estuvo en el Malecón de Puerto Colombia.





















jueves, 13 de marzo de 2014

Veo-Veo; Algo pequeño... Noctilucas

Recuerdo ese día como si hubiese caído un avión en el patio de casa. Algo fuera de lo común, convertido para siempre en un recuerdo imborrable.
Me despertó el calor. No puedo acostumbrarme a dormir con calor, no es lo mío, no lo consigo. Apenas abrí los ojos vi una salamandra escabullirse por las rendijas de las maderas del techo y distinguí los perfiles de los mosquitos pegados al mosquitero. Me pregunté si habían estado toda la noche ahí, agazapados, esperando que saliera de mi escondite para arrebatarme la sangre. No dí muchas vueltas. Me lavé los dientes, me di una ducha, cargué agua y me fui a la playa. Compré unas frutas y me senté en la arena a desayunar. Bernhard, Carlos, Elva, Pato, Anna, Ernes, Diego, Mariana y Natalia mas tarde o mas temprano, ese día, irían apareciendo. Ya hemos compartido casi una semana en Máncora, pero hoy habrá un quiebre en nuestros días de playa.
Esa noche hubo otros lujos. Algunos fuimos a un restaurante y pedimos varios platos para compartir y poder probar un poquito de cada cosa. Hubo un plato que costaba 15 soles. No volvería a darme ese lujo por mucho tiempo.
Después de comer, de a poco nos fuimos encontrando entre la muchedumbre de los bares al compás del reguetón. Pero ya estamos aburridos de este lugar. Se rumorea que hay una fiesta a unos dos kilómetros por la playa. Unos dicen que sí, otros dicen que no. Yo digo que si, más que por la fiesta, quiero caminar por la playa ésta noche cálida sin luna. Hay consenso y tengo cómplices. Empezamos a caminar.


jueves, 6 de marzo de 2014

Un cayo. Un sombrero. Cayo Sombrero. Venezuela: segunda parte.

Llegar a  Cayo Sombrero  fue la revelación de que esas postales que, hasta el momento, solo había visto en revistas o televisión existían y también eran posibles de encontrar  sin la necesidad de pagar el all inclusive en Punta Cana. El paraíso existía y admitía mochileros.
La costa de Chichiriviche, en el Parque Nacional Morrocoy, fue la primera cachetada que me dieron esas aguas inimaginables y el viaje en lancha hasta la isla fue la trompada que me haría ver la recompensa de todas esas horas bajo el sol al costado de la ruta, de esos años trabajando, de los sacrificios realizados antes de llegar hasta acá. Venezuela sería para mí el país del relajo. No trabajaría, ni vendería postales, ni tendría que rebuscármelas, pues me quedaban dos meses para volver a Argentina y la última reserva de ahorros que habían sobrevivido dos largos y akilometrados años dándole vueltas al continente.

La idea de quedarnos solo 3 días en la isla se desvaneció la primera noche y al día siguiente nuestras provisiones habían sido víctimas del espíritu comunitario. Cayo sombrero es un pedacito de arena elevado sobre el mar que tiene 200 metros de ancho por 400 de largo aproximadamente. Todavía se corroen bajo el agua unos pocos pilotes que alguna vez sostuvieron las casas de fin de semana de los dueños de los ingenios bananeros y los latifundios azucareros, hasta que en 1974 el gobierno fundó el parque nacional, les dio salida a los ocupantes y convirtió la isla en un campo de palmeras sin construcciones y apto para todo público que hoy los venezolanos pueden disfrutar cada fin de semana o rato libre que tengan. Solo hay dos pequeñas cocinas que ofrecen almuerzos y tentempiés (y un poquito de reparo cuando el cielo caribeño desata un diluvio) y un par de baños públicos.





















miércoles, 26 de febrero de 2014

¿Quien es el valiente?

Parece mentira. Cada día más y más. Familias, amigos, de a uno, en grupos, parejas, como sea, cuantos sean, cuando sea, dónde sea. Cada vez que publico una nueva entrada, cada vez que abro feisbuc, o que reviso los emails me encuentro con un mensaje, una solicitud o una sugerencia de alguien más que se ya salió o que está por lanzarse de cabeza al abismo sin retorno del viaje o la vida nómada. Por cada minuto que paso frente a la compu me encuentro con un blogger más que comparte su vida-viaje/viaje-vida.
En autos, motos, bicicletas (de bambú), monociclos, a dedo, casa rodante, colectivos.
GUAU! Somos cada vez más, cada año, cada mes, cada semana hay mas y mas que salen a buscar el sabor de la vida en los caminos.

En estos dos años dándole vueltas y tumbos a Sudamérica he conocido cientos de viajeros con más sentido de orientación que de pertenencia a un territorio denominado y delimitado. El nomadismo se multiplica en cada punto cardinal. Éstas "Venas abiertas de América Latinas" nos dan un guiño y nos dejan la puerta abierta para fluir por ella como la sangre que somos. El pueblo latino está en movimiento. Uruguay abre sus fronteras al mercosur. Esos 90 días en el pasaporte cada vez nos importan menos y nos animamos ejercer nuestro derecho a permanecer el tiempo que se nos antoje en nuestra propia tierra. Venimos de todos lados y hacia todos lados vamos. Nuestro espíritu se propaga y se contagia. El significado de la wiphala se desparrama y se va colando por las puertas sin burlete. ¿Seremos una nueva tribu urbana? ¿Un nuevo estrato social? ¿Una nueva etnia? ¿Acaso una nueva comunidad?.
Estamos inundando la web. Somos como cardos de espinas venenosas que ganan terreno en el patio de la casa abandonada, trepan el tapial, entran al patio del vecino, lo pican y lo contagian.
¿Los bloggers pasaremos de moda algún día como los floggers? No creo, llegamos para quedarnos.

jueves, 20 de febrero de 2014

Arepas, cachapas, raspao, caribe, socialismo y mujeres de plástico. Venezuela: primera parte.

Palomino, Colombia, Julio de 2013.

Sentado en el capó de su Renault 12 rural, mientras cae la tarde y tomamos tereré de toronja, éste correntino que acaba de salir de Venezuela, se atreve a catalogar a la República Bolivariana como “Un gran video de reggaetón”. Inmediatamente pensé “Guau! Quiero ser un extra en ese video”. De todas maneras ya lo habíamos decidido. Descartando el cruce a Panamá, por el momento, nuestro siguiente paso era la tierra prometida… de las controversias.
Indefectiblemente, las advertencias al borde del infierno, que siempre es el próximo país, se repetían, pero ésta vez con más hincapié, pues no era cualquier país, era Venezuela. Los colombianos me ponen sobre aviso de los peligros de sus vecinos, mientras en la puerta de su casa venden gasolina y harina pan contrabandeadas desde la frontera

                Me animaba a Venezuela no para juzgar defectos y virtudes del modelo, sino solo para conocerlo.  Mi incapacidad para creer todo lo que la televisión dice me empuja a ir a descubrir terrenos con mis propios pies y sentidos.

                En Maicao, un hormiguero de oportunistas, buscavidas, contrabandistas  y wayuus (aborígenes de la Guajira) ambulantes en el limbo del consumo, nos subimos a un Lincoln V8 de los ´80 (taxi) que, con suerte, esa noche nos dejará en la terminal de Maracaibo. El auto atraviesa la ruta al atardecer como un rayo destartalado que en cualquier momento va a descuartizar algún árbol al costado del camino en el mejor de los casos. Al contrario de lo que nos auguraban, los militares venezolanos nos para pocas veces y cuando lo hacen el chofer se apresura a pasarle los 20 o 30 bolos (Bolívares Fuertes, moneda venezolana)de la cometa correspondiente y solo en una ocasión revisan nuestros pasaportes sin más consecuencias que un “Bienvenidos a la República Bolivariana de Venezuela”. Esa noche misma dormimos en un hotelucho contiguo a la terminal y al día siguiente salimos a recorrer un poco Maracaibo hasta que nuestro contacto de CouchSurfing, Andrea, llegue a su casa y nos hospede por seis días. Pasamos la tarde frente al Lago Maracaibo deambulando por el Parque … tratando de no sucumbir bajo el calor insoportable del mediodía. Más tarde salimos a pasear buscando un café con wifi. Caminando en la vereda de una ancha avenida nuestras mochilas no pasan desapercibidas, al menos no para el pasajero de un taxi que nos grita “Guer iu from mai fren”. Respondemos que de Argentina y con un “bah..”  parece perder el interés al no poder poner a prueba su inglés. Nos da la bienvenida a su país y se aleja, pero unos metros más adelante lo volvemos a alcanzar con el semáforo en rojo y lo vemos extender su mano para ofrecernos algo. Son 20 bolos que nos regala y nos obliga: “Chamos se me toman un refresco ahí que éste calor está arrecho”. En el cyber dónde nos conectamos y obtenemos las indicaciones para llegar a la casa de Andrea, la gente se pelea por indicarnos la forma más fácil de llegar, porque estamos un poco lejos. Al intentar tomar un bus nos encontramos, como en Bogotá, que no frenan. No nos quieren llevar por cargar con las mochilas. Al verme despotricar en la parada, un hombre frena y nos dice que subamos a la caja de su camioneta, nos pregunta a dónde tenemos que ir y nos lleva lo más cerca que puede. Al llegar a una avenida por la cual debemos seguir camino, nos indica dónde tomar el próximo bus, pero enseguida recuerda que no nos van a llevar, entonces extiende su mano y nos regala “Unos bolos (30) pa´que cojan carro”. Con éste panorama, la verdad que nunca entendí de dónde venía la mala fama de los Venezolanos.


Maracaibo desde el dpto de Andrea.