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viernes, 9 de agosto de 2013

Taganga - Mi cumpleaños - Palomino

Taganga está situada en una bahía de cara al oeste, por lo que el océano, en este recoveco, carece de oleaje, lo que lo convierte en una piscina de aguas cálidas y transparentes dónde nadar es un verdadero placer. 
Por ser mi cumpleaños me di el exuberante lujo de auto-regalarme un snorkel, que terminó por ser el único motivo que justificó la prolongación de mi estadía en éste lugar. Nunca había hecho snorkel.  Fue mi primera vez y una revelación. Desde ese momento no pude parar, se me hizo una adicción. Y es que de repente tenía al alcance de la mano todo lo que solo había visto por televisión en los últimos 20 años. Peces, muchos, de todos los tamaños, de todos los colores, con alas, fluorescentes, unos que cambian de colores, pulpos (que también cambia de colores), morenas, erizos (madre mía!!! Esos erizos!!), pez globo (inflado también), cardúmenes enormes de peces de todos los colores. Para poner todo en una palabra: Maravilloso!!! (y me quedo corto).

Absolutamente recomiendo conocer Taganga y dedicarle unos días, pero tengan en cuenta que…       Nos enteramos de muchos, pero muchos(por lo pequeño que el pueblo es), asaltos a mano armada a los turistas. No pasan 20 minutos sin que venga alguien directamente y sin el más mínimo cuidado a “ofrecerte” (dan por sentado que la querés) coca de la buena. La basura es un asco, un verdadero asco, es realmente el lugar más sucio que visto.  Es deprimente. Llegar a un lugar tan ansiado para mí, un vecino de los pingüinos,  esperando encontrar un paraíso, es realmente deprimente. Las dos playas más grandes son las más sucias. No les conté, pero cuando estás buceando, así como encontrás maravillas acuáticas, también te topas con latas de cerveza, bolsas de plástico, vasos de plástico, botellas de aguardiente, pañales!!! Pañaleeesss!!!!! (y no me lo contó nadie, eh!, lo vi yo!). Para poder estar tranquilo es mejor ir a las playitas pequeñas, que son más lejos y con poca arena, pero cuidado, puede haber colombianos borrachos desnudos en el agua, ¡¡¡mientras vos hacés snorkel!!!... (yo sé exactamente  la imagen que tenés en tu mente justo ahora).

Pero no todo es malo, se los repito una vez más, hacer snorkel opaca todo lo feo que puedas encontrar. La buena es que hay hostels y habitaciones baratas, entre 8 y 12 mil pesos colombianos. Y buenos y baratos lugares para acampar, entre 4 y 7 mil pesos. Hay gente muy, pero muy buena onda (si no se viaja con buena onda, ¿para que se viaja, no?), sobre todo los artesanos y los músicos. La movida nocturna no es buena, hay una par de bolichitos que pasan música horrible y son caros para tomar. Lo mejor fue acercarnos, como quien no quiere la cosa, a una casa dónde se veía una buena fiesta y por ser argentinos nos invitaron a pasar, a bailar, a tomar y a pasarla bien, muy bien, entre puros colombianos. 

Mi cumpleaños:
Tranquilo y genial. Estábamos en un hostel dónde había un chulengo, sí!! Un chulengo! Así que festejamos con unas pizzas a la parrilla. Por suerte, unos buenos amigos que había conocido durante los paseos por Colombia, quisieron festejar conmigo, y vinieron a compartir algo tan lindo como un cumpleaños lejos de casa. A ellos mil gracias!!!




























































































































¿Qué es esta foto? Ese es mi pie sumergido en mi orina. Pisé un erizo. Pisar un erizo es de lo peor que me ha pasado en la vida. Te clava las espinas, se quiebran y los diminutos pedazos quedan profundos e imposibles de quitar, y segregan un veneno que produce un dolor insoportable. Los pescadores me dijeron que hiciera eso, poner el pie en orina. Fue mágico. Dos dosis de orina fresca y el dolor desapareció y jamás volvió. Las espinas siguen en el pie o ya se deben haber caído... ahora poco me importa.










También me contaron que: “ahí te ponés a hablar con los pescadores, te hacés amigo y te regalan pescado”. Lejos de regalarme los pescados, cuando terminé de tomar ésta foto...




















Me pega un piedrazo en la mano, mientras miraba como había quedado la foto, a 1 cm de la cámara. Fueron los pescadores, los que se hacen amigos y regalan pescado.


Una imagen, más que mil palabras



Palomino:
Palomino sí señor!! Que gran lugar. Si bien había quedado maravillado con las aguas caribeñas de Cartagena y más aún con Taganga, Palomino fue exactamente lo que buscaba. Un pueblo pequeño y disperso a orillas de un mar agitado, en cuya costa casi no hay construcciones, sólo un par de hostels en la bajada principal y un resto de kilómetros y kilómetros de costa virgen, casi, casi sin impacto humano. La postal es una playa de arenas suaves dónde termina, abrupta, una vegetación selvática llena de palmeras y, tuve la suerte yo, de una pequeña interacción con los monos, que mientras despertaba de una siesta en hamaca entre dos palmeras, unos 3 monos me observaban y arrojaban semillas desde las copas repletas de cocos.
Acá los hostels son un poco más caros, pero tranquilamente se puede acampar en la playa. Les voy a recomendar al cien por cierto que, si van a acampar, lo hagan en lo de Simón Gay. Simón es un bogotano que vivió 40 años en la sierra en las comunidades de los indios Kobi. Tiene un excelente lugar para acampar de manera muy natural. Sin gas, sin baño y sin electricidad. Ducha con agua del río (no potable, pero apta para cocinar) y cocina en fogón a leña.

Hasta la próxima, que será desde un nuevo país, la República Bolivariana de Venezuela.

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