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sábado, 13 de abril de 2013

Amazonas Parte 1: Sao Paulo - Cuiabá

Amaneció el Jueves, temprano (no tanto), y arranqué. ¿A dónde voy para hacer dedo en una ciudad de casi 20 millones de chimangos? Hay que salir, no queda otra. Así que ahí fui. Tome dos bondis hasta el cruce de dos autopistas gigantes, el cruce mas enorme que he visto hasta ahora. Obviamente ahí es imposible poner el dedo, así que tenía que caminar un poco hasta la próxima estación de servicio. De repente todo el sol y el calor, que hasta entonces no había visto nunca ni en Curitiba ni en Sao Paulo, se me vino encima a las 12 del medio día. Yo, sin gorra, ni gorro, ni sombrero, ni nada. El sol de lleno. Por delante 1718 km de viaje. Las mochilas a la espalda y al pecho. Seis km para caminar. Cruzando peajes por la misma barrera que los autos, caminando entre el tránsito y el paredón de contención =).
Terminé con ampollas. Lo compensó el hecho de que a los cinco minutos de mostrar mi cartel "S. Jose R. Preto" pasó Zé, que viajaba con sus dos hijos y me llevó unos 300 km, poco antes de llegar a esa ciudad. Se bajó y habló con otro chofer para que me lleve el tramo que faltaba. Un genio, no muchos hacen eso.
Se hizo de noche, estaba cansado y no conseguí seguir viaje. Armé la carpa y dormí ahí, en Sao José do Río Preto. Al mediodía siguiente, un camionero que se apiadó de mi por verme toda la mañana vagando por la enorme estación intentando que alguien me lleve, me pagó un platazo de comida que cuando apenas lo terminé apareció Adalberto y se ofreció a llevarme hasta Campo Grande, en el estado de Mato Grosso do Sul. Al cruzar el límite entre dicho estado y el de Sao Paulo, por la falta de pago de un impuesto no pudo seguir viaje, pero le pidió a un colega suyo que me llevara. Un golazo, Fabio, de 27 años, viajero frustrado por haber cometido el error de no usar anticonceptivo alguno en varias ocasiones, me llevó un poco mas allá de Campo Grande, hasta Río Verde, su ciudad natal. Llegué como a las 23 hs. Intenté dormir, pero la tormenta demencial que se desató me lo impidió. La tormenta estaba muy cerca, los truenos hacían retumbar todo, la lluvia era de película y el gato no entendía que en mi mochila no iba a encontrar comida. Tranquilos, no me mojé, estaba bien resguardado en el hall de una peluquería.
Tempranito, a las 6am, Paulo se ofreció (o que obligué con mi cara de perro mojado) a llevarme a Rondonópolis, ya dentro del estado de Mato Grosso, desde dónde el destino final, Cuiabá, quedaba a 200km. Había pensado en llegar hasta ahí y tomar un bondi, por que ya estaba fatigadísimo. En la forntera entre los dos estados, Paulo tampoco puede seguir por falta de pago de impuestos. Y cuando creí que ya estaba en la lona y con la lluvia que no paraba, aparece Lao que me dice "Vamos, vamos para Cuiabá".
Cuando salimos de Rondonópolis, paramos a almorzar con Lao y otro camionero que viajaba con su mujer e hija. Me pagaron todo y me dejaron la yapa para hoy a la noche. Adentrados en el Mato Grosso, que bien merecido tiene el nombre, a las 2 de la tarde, se nos vino encima LA tormenta. Los extensísimos campos verdes de siembra de soja, millo, y maíz desaparecieron y literalmente, a las dos de la tarde, cayó la noche.
Por una hora me sentí como el Coronel Aureliano Buendía, durante el diluvio, esperando que escampe. Rogaba que escampara, llegaba a Cuiabá, ciudad grande, sin tener ni la mas mínima idea de dónde iba a bajar ni de a dónde ir. Escampó. Y como los camiones no entran al centro de la ciudad, me bajé en la periferia y olfateando el panorama de las miradas que me comían las mochilas, rapidito pegué una mototaxi y me vine a un hotelucho céntrico.

Ah... en el viaje murió mi único pantalón estilo "trekking", viajé un día entero con la entrepierna disfrutando del aire puro. A hacer el gasto y pegar uno nuevo.
Lo mejor de todo: Lao, el último camionero, el Martes sale por la misma ruta que tengo que tomar a Santarém, así que arranco con él.
Hasta Santarém 1740 km, y por lo que veo, a la Pacha se le ocurrió que la temporada de lluvias no termine todavía, entonces, con la mayor parte del camino sin asfaltar, me espera una travesía, con suerte, de 5  días.

Hasta la próxima.

1 comentario:

  1. juro que en tu relato que es muy atrapante te veo!! lo juro!! buena suerte sobrino!!!

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