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miércoles, 20 de febrero de 2013

Una re-vuelta


La vuelta inesperada al país me trajo, de sorpresa, una vuelta por lugares ya conocidos, y otros no, pero que esta vez iba a descubrir con otros ojos. 
Volví a Córdoba después de cuatros años sin visitar la provincia mediterránea. Conocí Santa Fe, mis pagos por herencia materna. Y por supuesto también vale mencionar el reencuentro con familia y amigos.
Así que estos son algunos lugares que tuvieron el honor de ser visitados por mi durante poco mas de estos dos meses en Argentina. 

Carnerillo es un pueblo de la provincia de Córdoba, ubicado al centro sur de la misma, a una hora de Río Cuarto y a 3 de la capital provincial. He visitado el pueblo de 2000 habitantes innumerables veces. Siempre igual, la misma gente, los mismo viejos, los mismos perros.
Es la clásica postal de esos pueblos que parecen dormir una siesta eterna, pero que esta vez pude ver con ojos diferentes. No solo por haber vuelto convertido en un viajero, si no que esta vez también vine acompañado de una cámara que me permitió ver más de lo que se ve a ojo de buen cubero.






También me dí una vuelta por Nono, dónde toda la vida del pueblo empieza y termina al rededor de la plaza y su paseo de artesanías. Mucho aire, mucho verde, mucha paz, mucha nada más allá de esa plaza.



De esos almacenes a la antigua



























Y así, casi sin quererlo ni pedirlo me di una vuelta por Santa Fe. Me enteré que a los santafecinos les puede faltar cualquier cosa, menos el liso (cerveza). Vi que les gusta mucho la pesca, pero que poco cuidan los ríos. También tuve la suerte de que justo el día después de que llegué, el padre de mi amiga Florencia, Don Trioni, se iba a pescar al Arroyo Leyes, y me invitó, y ahí fui.

Nunca me había subido a una lancha





















Devolviendo al pequeñín

Nunca había visto lechuzas, no así

Santa Fe



Rosario







































































































Y volví a Córdoba capital después de siete años...



























Y viajé en tren, por primera vez en mi vida, hasta Villa María...

Nunca había viajando en tren...

...y en el último vagón.


























Y me esperaba mi viejo en Potrero de Garay...































Y ahora me espera Misiones, las cataratas y Brasil.

Buen viaje y salud!!

jueves, 14 de febrero de 2013

Momento que me voy a Salento

Había entrado a Colombia con la idea fija: quería ir a pasar algún tiempo en el campo.
Tenía solo 25 días en los que quería esquivarle a las grandes ciudades... bah, no esquivarlas, pero no dedicarles la mayoría de esos pocos días.
Entonces con Rodrigo, mi compañero de viaje por un par de semanas desde Quito hasta Cali, intentamos ir a algunos parques dónde podíamos acampar y pasar varios días en contacto con la naturaleza. Así salimos a la ruta, a tirar el pulgar al viento, esperando que se hiciera carne esa hospitalidad colombiana que nos habían prometido. Bueno, no dudo en absoluto de esa mencionada hospitalidad, por que me han tratado de maravilla, pero no fue precisamente en la ruta dónde se brindaron al ciento por ciento. Puede haber sido que eramos dos, y eramos hombres, y masomenos grandes y tal vez un poco feos, la cosa es que el hitchhiking no dio frutos (lo que me hace pensar que es hora de que me consiga una acompañante femenina para salir a las rutas).
A eso le tuvimos que sumar, que las combinaciones de bondis que teníamos que hacer para llegar a esos lugares excedían nuestros respectivos, y planeados, presupuestos.

La cosa es que la primer parada fue Popayán, que es una de las ciudades mas antiguas y mejor conservadas de América. Es llamada "La ciudad blanca" por que todas las fachadas de su centro, casco histórico y alrededores están pintados de reluciente blanco, o "La Jerusalém de Sudamérica" por su celebración de Semana Santa. Muy aconsejable visitarla.
























El atasque de arepas y papas rellenas en esta ciudad me hizo pensar que había cometido el error de, justamente, atascarme muy pronto y creí que no iba a querer comer mas nada de eso durante el resto de mi estadía en Colombia. Error! Resulta que siempre vas encontrando un lugar dónde las hacen mejor que las de la última vez.
Lamentablemente mi pedorrísima cámara digital compacta decidió morirse durante la estadía en Cali, por lo que de esta preciosa ciudad casi no tengo fotos. Pero si llegan, no dejen de pasear por el barrio San Anotnio, y busquen en los alrededores del parque que lleva el mismo nombre a un señor que en la puerta de su casa vende arepas. Está solo a 1 cuadra y no trabaja Lunes y Martes, LAS MEJORES AREPAS DE TODA COLOMBIA... ah y no se asusten, son cuadradas.

Armenia fue la siguiente parada. La puerta del "Eje Cafetero" formado por dicha ciudad mas Pereyra y Manizales. El decorado navideño de Armenia (y de toda Colombia sin duda alguna) es imperdible. La verdad que poniendo en consideración la inversión municipal, el gasto vale mas que la pena. La población realmente disfruta y acompaña con sus propios decorados, especialmente el 7 de Diciembre, día de las velitas. En Colombia tienen un gran espíritu navideño, y aunque seguro no falte algún viejo refunfuñante que diga que es todo un negocio, es indiscutible que las ciudades tienen otra cara y la navidad les trae alegría a todos, desde el más pequeño hasta el mas anciano de los ancianos.















Salento, ahí llegué. Bosques de palmas de cera, su mayor atractivo, su sinónimo podría decirse. Imagino que la mayoría de los que llegan a Salento van con la intención conocer dichos bosques, en los que hay una enorme y hermosa cantidad de palmas de cera (palmeras). Palmas de cera se les llama, según pude averiguar, por que utilizan su extracto para fabricar cera.
Además de las palmas, en Salento existe una gran variedad de aves, que si bien nadie las mencionó como exóticas, son de gran atractivo por sus colores, su fisionomía y sus cantos.











También se encuentra un tipo de buitre que puede ser confundido con el Cóndor por su tamaño y su forma de planear, de hecho, sospecho que debe ser algún primo lejano y los lugareños lo promocionan como el Cóndor andino colombiano, pero no se dejen engañar.





No obstante estas curiosidades, lo que más llamó mi atención fue el colorido y el decorado de sus fachadas. Si bien es un pueblo muy pequeño, los alrededores de la plaza y su calle comercial principal ofrecen una combinación de colores que no deja de pedirte que la fotografíes.
No es muy grande y no toma mucho tiempo recorrerlo, pero sus locales de ventas artesanales te tendrán un buen rato con la boca abierta.