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jueves, 27 de septiembre de 2012

Mi amigo Pururú!!!

Me bajé en La Quiaca después de unas divertidas 26 hs de viaje en bondi, y no lo digo irónicamente, a pesar de que fueron nada menos que 26 hs, estuvieron bien chéveres!

Cuando pisé suelo jujeño por primera vez en mi vida, después de haber cruzado Argentina de sur a norte, el día y la temperatura eran agradables. Caminé hasta la frontera por calles áridas y angostas. En migraciones había una fila no muy larga y que avanzaba rápido.
Menos mal que avanzaba rápido, por que, cuando terminé los trámites y emprendí camino a la estación de tren, el aguacero que caía era como la muerte disfrazada de agua, no importa dónde te escondieras, te iba a mojar. 

No tenía dinero, necesitaba un cajero, urgente, por que se iba el tren. Caminé como 8 cuadras confiando en el "aquisito" que emanaba de la boca de a quienes preguntaba por el cajero más cercano.
En fin, cuando llegué a la estación estaba pasado por agua.

Compré boleto, y me senté a escurrirme y a leer. Conversé un poquito con unos franceses que estaban al lado, comí algo, llegó la hora y me subí al tren. 

Me tocó un vagón con puros argentinos (que raro) y dos jovencitas de Inglaterra.
Tres pibes (y no tan pibes) cordobeces que viajaban juntos hasta Cuzco, Marcos, Gastón e Isidro. También dos porteñitas, Leila y Viviana, que iban hasta el Lago Titi Caca, y otras dos cordobezas, Eugenia y Sole.

Todos muy buena onda, empezamos a charlar, a sacarnos un par de fotos, a tomar mates, a cantar con la guitarra. Cuando el tren ya había arrancado y la lluvia había cesado, el paisaje se empezó a poner bonito. Un rato después, Marcos, uno de los cordobeces, sacó una valijita vieja, gastada y fea.
Extrajo algunas cosas coloridas, como pantalón, remera, pinturas.
Directa, lisa y llanamente, Marcos se disfrazó de payaso. Al principio no supe de que se trataba, pensé que era alguna pelotudez mas, común, en los cordobeces. Pero, si me llamó la atención que no tuvo la mas, pero la mas mínima vergüenza ni duda.
Claro, después entendí que esa es su profesión, es su trabajo. Marcos, ya convertido en Pururú, se sacó algunas fotos en el tren y nos hizo cagar de risa un buen rato. Cuando terminó su "sesión" de fotos, se sacó todo como si nada y siguió siendo Marcos.

En Marcos yo vi algo que, no es imposible, pero tampoco es muy común de encontrar. Vi a un tipo feliz. Para ser feliz, yo, tuve que irme lejos, dejarlo todo, para encontrar otras cosas que me hicieran feliz, cosas que no encontraba en las ciudades dónde había vivido. Pero Marcos, me parece a mi, y creo que no me equivoco, es un tipo que ama lo que hace, que le gusta el lugar dónde vive y que ama ser reconocido por su trabajo.

Yo estuve en Bolivia, en un salar a 3000 msnm, bailando una canción, en hebreo, de un israelí, con un payaso, un payaso de verdad. 

Después me acuerdo del viaje desde Copacabana, en lancha, hasta la Isla del Sol. El barquito estaba lleno, unas 30 personas, o más, no recuerdo bien. En el medio del viaje, Marcos se transformó en Pururú y dió un pequeño show para todos los (Europeos) que viajaban con nosotros. Sin pedir nada a cambio, ni una moneda, el tipo nos hizo reir a todos, sólo por que él lo quiso. 
Recuerdo una mujer (vieja y no tan vieja, de mierda) sentada al lado mío, francesa, con cara de odio hacia Pururú, se notaba que lo que él hacía, realmente le disgustaba, la fastidiaba, a ella y a sus dos hijas.

Y yo pensé... ¿cómo es posible que estés del otro lado del mundo, navegando en un lago en Bolivia, casi rozando el cielo, que alguien te de un show gratis y desinteresado de humor y a vos te disguste?
...y ahí comprendí que hay personas que no quieren ser felices, cosa que se puede lograr con tan poco.

No obstante, todos los demás lo disfrutamos, y nos reímos, y nos alegramos y lo recordamos.

Yo no tuve la suerte, pero otras personas compartieron Machu Picchu con Pururú!!!







El Payaso Pururú!!!



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